Luis García Lecha – Jarrero – El escritor de las 2.003 novelas

Sólo firmó con su nombre un par de novelas.  Para un hombre que usó varios seudónimos, esta decisión tiene un significado claro: Lo importante no es el autor, sino su obra.

Siendo funcionario de prisiones, decidió, en 1962,  tomar una excedencia para dedicarse a tiempo completo a la creación literaria.

Si bien su trabajo no es considerado por muchos “literatura” en términos canónicos, su prolífica producción en número y en género, es considerada sin discusión una de las más importantes de la historia de España.  Esto es debido a que Luis García Lecha escribió más de 2.000 novelas cuyo discurso de trama se situaba lo mismo en lo que durante años se llamaba el “Far West”, hasta en la ciencia ficción, el terror, o el crimen.

No fué un escritor especialmente cuidadoso con la prosa, ni se rompía la cabeza para entregar a sus lectores intrincadas historias que les hicieran crecer intelectualmente.  García Lecha aplicaba muchas veces  la misma fórmula de “Chico bueno y chica buena” en sus novelas que tanto se repetía, especialmente en las décadas de 1960/70.

Escribió para importantes editoriales, si bien el grueso de su producción lo llevó a cabo en Bruguera, desde Barcelona, ciudad donde pasó la mayor parte de su vida.

Todos nosotros hemos leido y disfrutado muchas de sus creaciones en “Tebeos” como el DDT, o en aquellos cómics de “Hazañas Bélicas”.  Incluso se encargó de guionizar la versión comic en español de Bonanza.

En el terreno de la Ciencia-ficción publicó más de 600 novelas, siendo considerado un autor de culto en ciertos círculos especializados en este género, dentro de la categoría de literatura popular. 

Eran años aquellos en los que las “novelas del oeste” de Marcial Lafuente Estefanía , los folletines sentimentales de Corín Tellado eran productos consumidos con una franca segregación del mercado por sexos.

Muchos son los que renegaron de este tipo de literatura que sacrifica los fines estrictamente literarios al gusto de la mayoría, persiguiendo lo comercial y los éxitos de ventas.  Pero lo cierto es que durante decenas de años y hasta hace bien poco, el “intercambio de novelas” era incluso un negocio para los quiosqueros, panaderías, y pequeños establecimientos de barrio.

Como anécdota curiosa, cabe anotar que simultaneaba los dos seudónimos de Clark Carrados y Louis G. Milk  en la misma editorial y en el mismo género,  creando en ocasiones la surrealista situación de tener fans que anteponían a uno de estos virtuales autores por encima del otro. Cosas de la autosugestión y el márquetin social.

En los años 80, debido al inevitable declive del mercado de los “bolsilibros“, regresó a su puesto de funcionario, hasta su jubilación. Falleció en 2005.

 

 

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